Barajas ha sacrificado diez toros y seis novillos este año en ofrenda a su patrona, la Virgen de la Vega. Las calles se han vestido de sol, de sudor, de fuerza, de la masa que ama y teme... de sangre. El campo ha sido prolijo, por lo que llegaba el momento de la muerte del semental. Y en trágico Via Crucis, estos animales que nacieron su día en mi tierra, en los pastos campomontieleños de Villamanrique, han encontrado aquí su Jerusalén. Y su muerte ha sido la redención de nuestra culpa por haberle robado a la naturaleza todos sus frutos.
Los sentimientos de la fiesta y de la tragedia están en la mirada de los barajeños.
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14 sept 2010
Mirar al Toro
10 sept 2010
Coronación de la Virgen de la Vega. La procesión
A las cinco de la tarde, y con todo el calor del mundo, dio inicio la macro-procesión. Mas de treinta imágenes y otra multitud de estandartes desfilaron por la arteria principal del pueblo. Unas imágenes salían de la parroquia. Otras, por falta de espacio, salieron del pabellón polideportivo y de una carpa habilitados para la ocasión.
La procesión, además de un desfile de patronas y santos alcarreños, fue una completa degustación de las tradiciones y el folclore de la comarca. No faltaron los diablos de Almonacid del Marquesado y de Huete, los danzantes de Belinchón y de Saelices, el "vítor" de Horcajo de Santiago... Cerrando la procesión desfilaron el padrino, el Cristo de la Luz de Leganiel; la madrina, la patrona de Tarancón, la virgen de Riánsares; y, como no, la protagonista del acto.
Coronación de la Virgen de la Vega. Misa de coronación
Todas las imágenes y toda la gente se dirigió a la zona donde antaño la virgen tenía su ermita. Allí se había dispuesto un gran escenario. Una alfombra de terciopelo rojo llegaba hasta él. Sobre esa alfombra pasó la imagen en una lluvia de pétalos de rosa. Y sobre ese escenario, ante cinco mil testigos, la imagen fue coronada. Todo fue gratitud. El poder temporal aprovechó la ocasión para hacerla alcaldesa perpetua de la villa. Los danzantes no se cansaron de homenajearla.
Y, como un relámpago luminoso, aquella tarde de domingo pasó, y los barajeños ya lo cuentan como si hubiera sido un sueño. No fue un sueño: fue un capítulo de la Historia; uno de esos capítulos que contienen la materia prima con la que se escriben las leyendas.
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